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Rememoración A Gali
La noche inmóvil fue cediendo y tú no estabas al umbral del alba.
Sobre ti, las horas habían caído inútilmente como helada lluvia en estas últimas hojas del calendario de invierno.
En el brumoso camino sin retorno quedaron tus huellas desleídas, travesía en que bebiste de la caldera oscura del tiempo donde se fraguan las penas con su agudo relámpago de incandescencia.
Clamores de nómadas olvidos horadan mi piel desde la más dispersa lejanía, mis ojos náufragos en el mar de tu ausencia solo te encuentran entre pálidas galerías y bosques umbríos de antiguas memorias.
¿Dónde escuchar tu rumor subterráneo, la constelada música de tus entrañas, esa alquimia insondable que instauró el código secreto en nuestra alianza cada día?.
Sibila suntuosa, interprete solitaria del enigma en el silencio nocturno, ávida tejedora de silabarios en el Delfos de la sangre, diosa implacable sobre los celajes de la niebla.
Si tu blanca quimera fue desplegar sendas de fuego por túneles de flores y helechos, si tu furtivo sueño era tocar las esferas radiantes que desprenden un vuelo de ángeles, ¿A dónde vas ahora, con tus pasos transparentes fugándote de la prisión desolada del tiempo?.
¿Acaso irás al silencio de otros mundos donde serás la Reina Centinela?
¿Y qué cuenta la luna y las azuladas montañas?
¿Qué el altísimo cielo?
Oh Gali, ven a mi noche, dulce silenciosa, y déjame el signo de tu sombra en la urdimbre del porvenir, disuelve el revelado brillo de tus ojos al borde de lentísimos crepúsculos.
Ven a mi sueño, dulce encantada, y en esta idéntica soledad que hoy nos abisma sigamos deshilvanando juntas en una morada del corazón el ovillo temible del presagio.
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